La historia del coronel Leoncio Prado Gutiérrez comienza en Huánuco, un 24 de agosto de 1853, este joven militar peruano de espíritu indomable, dejó una impronta imborrable en la historia de su país; a pesar de su juventud, demostró ser un estratega brillante, participando activamente en diversos conflictos, no solo en el Perú, sino también en tierras lejanas como Cuba y Filipinas, su valentía y determinación brillaron particularmente durante la Guerra del Pacífico, entre 1879 y 1883, en la que luchó con fervor contra las fuerzas chilenas; la Batalla de Huamachuco, la última de aquella cruenta guerra, se convirtió en un punto crucial en su vida, allí se enfrentó a un enemigo decidido, pero el destino le jugó una mala pasada, fue herido y capturado, sin embargo, lo que realmente destacó de su personalidad no fue solo su habilidad en el campo de batalla, sino su nobleza tras la derrota.
Aunque se encontraba en manos del general chileno Gorostiaga, conocido por su crueldad, sus captores no pudieron evitar sentir un profundo respeto por este joven que había luchado con tanta devoción por su patria; cuando llegó el momento de enfrentar a la muerte.
Leoncio Prado mostró una dignidad extraordinaria, pidió hablar con Gorostiaga para solicitar que su ejecución se llevara a cabo en la plaza mayor con el debido honor que merecía como coronel del ejército peruano, sin embargo, en un acto de desprecio hacia su valía, el general se negó y optó por esconderse, dejando a Prado ante una muerte inminente e injusta; en sus últimos momentos, la grandeza de su alma se manifestó aún más y con una hoja de papel y un lápiz, escribió una conmovedora carta a su padre, en ella expresó su amor y su devoción por la patria, dejando claro que sería fusilado no por traición, sino por haber defendido lo que amaba.
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